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domingo, 31 de octubre de 2010

Recuperar la energía positiva


Después de la gran sensación de descanso que queda tras una sesión de reiki todo empieza a equilibrarse

Martes 26 de octubre de 2010
Publicado en edición impresa "Diario La Nación"

"La energía no termina en el cuerpo, sino mucho más allá, a veces en un radio de hasta ocho metros",
explica Claudio Márquez, maestro de reiki.

Hace 100 años, el japonés Mikao Usui, buscador incansable de un método simple y al alcance de todo el mundo para lograr la paz espiritual, emprendió la ascensión al mítico Kuriyama, monte sagrado en las afueras de la ciudad de Kyoto, con la idea de un retiro de 21 días de ayuno y meditación. Era la accidentada culminación de largos años de búsqueda en las sabidurías cristiana y budista, de viajes a la India y al Tíbet; incluso a Estados Unidos, donde estudió teología. Al llegar a la cima colocó 21 piedras pequeñas, que fue retirando a medida que transcurrían los días. Finalmente, al sacar la última piedra se produjo la iluminación y Mikao Usui descubrió el poder del reiki. Cuenta la tradición que el primer paciente fue él porque, al descender, se lastimó un pie que curó imponiendo sus manos sobre la herida.

Muy simple. El reiki es un método de relajación que produce una profunda sensación de descanso. Libera el estrés negativo y la persona comienza a recuperar la energía, se revitaliza. Desde hace más de 5000 años, los chinos sostienen que en el ser humano hay una anatomía básica, la orgánica, y una energética, la de los meridianos y los centros de energía. El reiki trabaja en la anatomía energética. "La relajación se logra con vibraciones sonoras y gestos de las manos llamados mudras. Se busca activar el hara, núcleo de la energía vital donde se transmuta lo negativo en positivo y centro de nuestro cuerpo, ubicado tres dedos debajo del ombligo. Es una técnica muy simple, no se toca a la persona y se hace en silencio. Nuestra mente es complicada y el reiki le da a cada uno lo que necesita. Una buena definición de los efectos de la técnica es que ayuda a armonizar", explica Claudio Márquez, profesor de reiki en la Diplomatura en Terapias Complementarias y Medicinas No Convencionales de la Universidad de Belgrano.

Sociedad extremista. "La gente practica reiki para aprender a liberarse de tanta negatividad, maltrato y competencia despiadada. El reiki tiene varias respuestas pero, fundamentalmente, es no entrar en ese juego destructivo. Busca equilibrar los opuestos en la sociedad actual, que es extremista, va del amor al odio, de la salud a la enfermedad. El reiki despierta una energía de equilibrio, busca el camino del medio. Y cuando uno lo transita cambia, porque comprende que los extremismos le arrebatan su energía."

Independencia. Márquez explica que en reiki los maestros tienen un nivel parecido al de las artes marciales. No son líderes espirituales a la manera de los gurúes de la India, sino que el maestro sólo enseña el sistema, la técnicas, y con esas herramientas el alumno inicia su propio camino. No hay una dependencia.

Wabi sabi. Pero la formación de un maestro es, naturalmente, más compleja que la de un practicante común. Entre otras cosas, incluye el estudio y la práctica del wabi sabi, que permite apreciar la belleza de lo modesto, lo efímero, lo humilde, de las cosas imperfectas e incompletas. Son conceptos relacionados con el budismo zen, por ejemplo, preferir una cuchara de madera rústica tallada a una de metal de diseño industrial. Hay una valoración del trabajo artesanal, de la textura, de la nobleza del material.

No es magia negra. "Hay cosas que se enseñan en reiki y que tienen un alcance universal. Entre otras, que la energía no termina en el cuerpo, sino mucho más allá, a veces en un radio de hasta ocho metros, y que esa parte también se transporta. A veces está más contaminada que el Riachuelo, pero la llevamos a casa. Entonces se enseña a percibir ese campo alrededor del cuerpo y, al mismo tiempo, a cuidar y proteger nuestra energía sana. Se le enseña que a donde va la atención, allí está el Ki, nuestra energía vital. Si mi atención está en un 70 por ciento en el pasado y un 20 por ciento en el futuro, tengo nada más que un 10 por ciento de energía, por eso me siento desganado. No es magia negra. El reiki ayuda a centrarse en el momento presente, a capturar la energía en el aquí y el ahora. En ese aspecto son recomendables las obras del filósofo alemán Eckhart Tole, autor de El poder del ahora.

Ladrones de energía. "Veamos un ejemplo, nos encontramos en el trabajo y aparece alguien muy agresivo con el que tenemos una relación de dependencia. En vez de prestar atención a sus gritos, que ya sabemos en qué van a terminar, uno puede llevar su atención a alguna parte de su cuerpo, porque su cuerpo es lo que está en el presente. Si el cuerpo no se mantiene en el presente, se muere. Así, mientras el otro despotrica, logramos una sensación relajante. Es probable que al comienzo no sea fácil, pero si conseguimos contar hasta tres, poco a poco lograremos el autodominio. Y cuando el malhumorado ve que uno no reacciona, que no responde a su juego, se aleja. Porque, consciente o inconscientemente, lo que busca es capturar y arrebatarnos nuestra energía y nuestra actitud frustra sus intentos."

Casualidad
Márquez era un empresario dedicado a organizar comedores escolares. Pero una mañana chocó y, aunque fue un accidente sin consecuencias graves, quedó muy dolorido. "Al día siguiente fue a verme el padre de un alumno, que había aprendido reiki casi por casualidad en un viaje a Estados Unidos y se ofreció a aplicarme la técnica. Acepté y me hizo tan bien que quedé interesado, aunque viví esa primera experiencia con un fuerte control de mi parte. Desconfiaba, lo espiaba cuando me pedía que cerrara los ojos y me relajara. Sin embargo, hacía muchos años que no me sentía tan bien. Comprendí que sólo cuando uno pierde contacto con el bienestar, al regresar, se da cuenta de lo mal que estaba. Comencé mi aprendizaje en Estados Unidos, con el doctor William Lee Rand, fundador y director de The International Center For Reiki, en Southfield, ciudad cercana a Chicago, en el estado de Michigan. Luego en Australia, en centros de Sydney y Perth, generalmente con profesores japoneses. Finalmente, alentado por ellos viajé a Japón, donde me perfeccioné en Tokio y Kyoto."