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lunes, 12 de abril de 2010

HIPNOSIS CLÍNICA, REGRESIÓN, TERAPIA DE VIDAS PASADAS PARTE 2


QUÉ ES LA HIPNOSIS
La hipnosis es un estado alterado de conciencia, relajación, ensoñación o meditación profunda, mediante el cual se puede suprimir dolor, producir rigidez muscular, enfocar la memoria para recordar hechos específicos y potenciar los recursos mentales para elaborar duelos, aceptar, perdonar y sanar enfermedades. En este estado es posible desconectar temporalmente los sentidos que nos comunican con el mundo exterior (olfato, audición, gusto, tacto y visión) para facilitar el acceso a la mente subconsciente (donde se guardan miedos, complejos y traumas).

El estado hipnótico se caracteriza por una gran sugestionabilidad, consistente en que la persona puede aceptar como reales las sugestiones que le sugiere el hipnotizador. Esto sucede porque en su actividad mental consciente e inconsciente se produce una disociación (separación o desconexión) que hace que disminuya notablemente la capacidad de raciocinio.

Así como en el sueño natural se puede hablar de sueño ligero, superficial o profundo, en el sueño inducido hipnóticamente también se presentan diferentes estados. Ello sucede progresivamente, pasando de un estado ligero o trance superficial, en el que el sujeto relaja la musculatura de su cuerpo, a otro estado en el que la persona puede llegar a una rigidez total de su cuerpo, al punto que la podemos poner, por ejemplo, entre dos sillas de apoyo como si fuera una tabla. Otro estado profundo, es el llamado sonambúlico, en el que el individuo es capaz de abrir los ojos sin salir del sueño hipnótico, y acepta las sugestiones que le sugiera el hipnotizador.

La hipnosis no tiene vínculos con prácticas religiosas, místicas, adivinatorias o afines; es una técnica de la psicología que se puede aplicar para hacer que un sujeto sea objeto de risas en un espectáculo teatral, o para ayudarle a sanar de la mente y del cuerpo, campo al que se dedica la hipnosis clínica.

Poderes de la mente. En estado hipnótico es relativamente fácil producir fenómenos que se salen de lo que pudiéramos llamar normal, tal como telepatía, es decir, captar lo que está pensando una persona concreta, independientemente de que se encuentre cerca o a miles de kilómetros. El cambio de rol con otra persona ausente (pensar, responder y actuar como ella) es impresionante en hipnosis, y los resultados de este supuesto diálogo entre el hipnotizado y el personaje asumido han sido ampliamente comprobados por nosotros cuando hemos aplicado este procedimiento en terapias de perdón.

También es fácil que el hipnotizado establezca el estado de salud o enfermedad de su propio organismo o el de otra persona, cual si tuviese el don de una visión interior. Y muy inexplicables son también, desde el punto de vista de la psicología tradicional, los casos de memoria extra cerebral, en los que el hipnotizado puede recordar supuestas vidas pasadas, e incluso hablar en idiomas que se supone no conoce; a este fenómeno se le denomina xenoglosia. ¿Por qué sucede esto? Probablemente porque en estado de hipnosis nuestra mente actúa bajo unos parámetros diferentes de los que comúnmente entendemos como espacio / tiempo.

Estar hipnotizado no es estar dormido. La persona es consciente de todo lo que está sucediendo, y hasta puede abrir los ojos, hablar y opinar que todavía no está hipnotizado, que no está viendo nada, ni se ha ido para ninguna parte. El norteamericano Dr. Milton Erickson trabajaba con sus pacientes usando metáforas o formas determinadas de hablarles, para inducirles ciertas reacciones psico-emocionales que les curasen de sus trastornos mentales, sin necesidad de una hipnosis clásica o que supusiera la pérdida de conciencia del paciente. El médico español Antonio Escudero, que llama a su técnica Noesiología o anestesia psicológica, opera a sus pacientes completamente despiertos y sin anestesia química, llegando incluso a conversar con ellos durante la intervención quirúrgica. Algo similar ha logrado el médico neuro-psiquiatra colombiano Alfono Caycedo Lozano con su técnica que llamó Sofrología, creada en España en 1960.

Son difíciles de hipnotizar quienes sufren de retardo mental, los muy sumisos, los que piensan que les pueden hacer decir algo que ocultan, quienes tienen prisa por cumplir un compromiso, ansiedad por saber lo que se siente, o un vínculo familiar cercano con el hipnotizador. Algunos logran un trance hipnótico profundo en pocos minutos, mientras otros pueden tardar horas. En general, no se puede hipnotizar a nadie contra su voluntad.

Nadie hace cosas en contra de sus principios morales. La persona hipnotizada tiene control sobre lo que tiene que ver con su código de ética y principios morales; si hace algo inmoral bajo hipnosis es porque también había la posibilidad de que lo hiciera en estado consciente. Lógicamente, el riesgo de algo indebido es menor cuando la persona está acompañada por algún amigo o familiar durante el proceso.

Hay quienes esperan ver en estado hipnótico las vivencias regresivas como si fuese una película, pero no es así. Por lo general, a medida que el hipnotizador le va solicitando al paciente que recuerde la causa de un determinado síntoma, éste percibe una sensación, imagen o pensamiento relacionado de alguna manera con el tema. De esta manera, poco a poco, se le va llevando cada vez más profundo en el trance, de modo que no analice conscientemente lo que está diciendo. Algunas vivencias pueden ser históricas, pero otras son meras alucinaciones, en las que se combinan experiencias con anhelos de la inconsciencia.

Nadie se queda hipnotizado. Si el sujeto es dejado en ese estado, despierta naturalmente al cabo de un rato, porque el sueño hipnótico se convierte en natural. Al despertar se puede recordar todo, parcialmente o nada. Ello depende de varios factores, como las órdenes del hipnotizador y lo traumático de las vivencias.