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sábado, 20 de marzo de 2010

EL SECRETO DE LA LUZ DEL SOL


Las características de la luz del sol son distintas de las de una iluminación artificial comunmente usada en las casas y las oficinas.


La Luz del sol se constituye de un espectro de radiación luminosa, o sea de distintas frecuencias. El espectro solar varía de los rayos ultravioleta (hasta 400nm), al espectro visible a nuestros ojos (de 400 hasta 700nm), y del infrarrojo (superior a 700nm).

Esta amplia variabilidad del espectro solar determina sus características curativas y energéticas. La luz artificial, por el contrario, no posee el ultravioleta y además tiene muchas frecuencias distorsionadas; por lo tanto exponerse a esta luz por largos periodos, sustituyéndola a la del sol, puede provocar muchos efectos negativos en varios niveles.

Estas patologías parecen derivar de un estilo de vida "poco luminoso", pero la medicina oficial trata resolver estos desequilibrios con fármacos y tratamientos químicos, en lugar de llevar a cabo una acción preventiva o curativa por medio de una correcta exposición a la luz solar para reestablecer un organismo con una función regular y bien "alimentado" .

En definitiva la atención no debería concentrarse en los efectos terapéuticos de la luz del sol, sino en los desequilibrios determinados por su ausencia.

Tan sólo hasta un siglo atrás el ser humano estaba mucho más ligado a los ciclos de la naturaleza y vivía más tiempo al aire libre. Algunas estadísticas evidencian que la frecuencia de las enfermedades más comunes (fiebre y resfrío) y de la depresión ha aumentado progresivamente con el aumento de la exposición a la luz artificial, típica de las oficinas y de los lugares donde cada vez más gente pasa amplios periodos del año.

Existe por lo tanto un círculo vicioso en el cual se encuentran muchas personas: la luz solar es un alimento gratuito y fundamental para una calidad de vida saludable y equilibrada - el estilo de vida que propone nuestra sociedad la mayoría de las veces no permite una correcta y adecuada exposición a la luz - esto determina un notable aumento del porcentaje de enfermedades y dolencias físicas y mentales - tales desequilibrios se tratan con medicamentos químicos y artificiales, muchos de los cuales producen efectos colaterales que provocan a su vez ulteriores desequilibrios.

 He aquí algunas reflexiones:


* No obstante se descubran nuevos medicamentos, cada vez más potentes y específicos, la gente hoy se enferma con más frecuencia respecto a cuando había un contacto mayor con la naturaleza.

* No obstante los enormes progresos alcanzados por la ciencia en el ámbito médico, el número de los enfermos en escala global no ha bajado.

* ¿Han reducido los descubrimientos médicos el sufrimiento en escala global? La respuesta es no. Es cierto que han reducido y vencido muchos males, pero ¿Cuántas más enfermedades han surgido? ¿Cuántas más enfermedades se presentan a raíz de los efectos colaterales de los fármacos utilizados para curarse?

* Si dejamos de razonar egoístamente y pensamos en el género humano en escala planetaria, ¿ la medicina oficial ha reducido verdaderamente la incidencia de las enfermedades? La respuesta es no.

* ¿La verdadera ciencia es la que cuida los intereses de las multinacionales o la de los investigadores que trabajan realmente para el bien de la comunidad, y no sólo de su billetera?

Un estilo de vida "solar" basado en el uso consciente de la luz podría mejorar no sólo las condiciones de salud en general, sino reducir y prevenir muchos desequilibrios.

Lo que pasa comúnmente es que el ser humano lleva un estilo de vida no saludable, pretendiendo que el fármaco resuelva los problemas que el cuerpo señala, con el fin de poder seguir llevando ese mismo estilo de vida. La química tiene un poder inmenso, pero no hay que utilizarla desequilibradamente , por ejemplo para no sentir las necesidades de nuestro cuerpo y seguir viviendo en condiciones alteradas e innaturales.

El género humano tiene la tendencia a no escuchar las alarmas de su cuerpo y las dolencias de sus emociones.

Si estuvieras de viaje con tu coche y de repente se encendiera la luz roja de los frenos, ¿qué harías? ¿Quitarías la lamparita roja para no ver la señal o cambiarías los frenos para no chocar?

Las enfermedades del cuerpo humano son señales que nos invitan a cambiar, mirarnos, conocernos. Ignorarlas o sedarlas con fármacos no resuelve el problema, su origen, que de una manera u otra volverá a presentarse. Es necesario empezar a escucharse y comprender estos mensajes.

Esto no quiere decir dejar de asumir los medicamentos químicos, sino simplemente no abandonarse a un uso descontrolado y mejorar el propio estilo de vida.