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jueves, 20 de octubre de 2011

La Relación Perfecta 2/2


Necesitas ser sincero contigo mismo y sincero con todas las personas. Proyecta lo que sientes que eres verdaderamente y no finjas ser lo que no eres. Es como si estuvieses en un mercado: te vas a vender a ti mismo y también vas a comprar. Para comprar quieres ver la calidad del género. Y por lo tanto, a la hora de vender, es necesario que les muestres a los demás lo que tú eres. No se trata de ser mejor o peor que otra persona; se trata de ser lo que eres.

Si ves lo que quieres, ¿por qué no arriesgarte? Pero si ves que no es lo que quieres, ya sabes que vas a pagar por ello. Después no vayas por ahí llorando y diciendo: «Mi pareja me trata mal» cuando tú mismo lo veías tan claro. No te mientas a ti mismo. No inventes en la gente lo que no tiene. Este es el mensaje. Si sabes lo que quieres, descubrirás que es exactamente igual a la relación que tienes con tu perro, sólo que mejor.

Mira lo que tienes ante ti; no te ciegues ni finjas ver lo que no está ahí. No niegues lo que ves sólo para conseguir una mercancía cuando la mercancía no se adapta a tus necesidades. Cuando compras algo que no necesitas acaba en el basurero. Lo mismo ocurre con una relación. Evidentemente, puedes tardar años en aprender esta dolorosa lección, pero es un buen comienzo. Si eres capaz de empezar bien, el resto será más fácil porque podrás ser tú mismo.

Quizá ya hayas invertido una cantidad determinada de tiempo en una relación. Si decides continuar manteniéndola, te será posible volverla a iniciar aceptando y amando a tu pareja tal y como es. Ahora bien, lo primero que tendrás que hacer es dar un paso atrás. Tendrás que aceptarte y amarte a ti mismo tal y como eres. Sólo amándote y aceptándote a ti mismo, sencillamente como eres, te será posible ser y expresar lo que eres. Eres lo que eres y no hay más. No necesitas fingir que eres otra persona, porque cuando uno finge ser lo que no es, siempre acaba fracasando. Una vez que te has aceptado a ti mismo sencillamente como eres, el siguiente paso consiste en aceptar a tu pareja. Si decides estar con una persona, no intentes cambiar nada de ella. Haz lo mismo que con tu perro o con tu gato, permítele que sea quien ella es. Tiene derecho a ser quien es; tiene derecho a ser libre. Cuando inhibes la libertad de tu pareja, inhibes la tuya propia porque tienes que estar ahí para ver lo que tu pareja hace o deja de hacer. Pero si de verdad te amas a ti mismo, nunca renunciarás a tu libertad personal.

¿Eres capaz de ver las posibilidades que ofrece una relación? Explóralas. Sé tú mismo. Encuentra a una persona que se adapte a ti. Arriésgate, pero sé sincero. Si funciona, sigue adelante. Si no funciona, entonces hazle un favor a tu pareja y a ti mismo: márchate; permite que se vaya. No seas egoísta. Ofrécele la oportunidad de descubrir lo que realmente quiere, y a la vez, ofrécetela a ti mismo. Si no va a funcionar, es mejor mirar en una dirección distinta. Si no eres capaz de amar a tu pareja tal como es, debes saber que hay alguien que sí lo hará. No pierdas tu tiempo y tampoco le hagas perder el suyo. Eso es respeto.

Si tú eres el suministrador y tu pareja es la adicta, y eso no es lo que tú quieres, quizá te sentirías más feliz con otra persona. Pero, si decides mantener esa relación, haz siempre lo máximo que puedas. Haz lo máximo que puedas porque tú serás quien recogerá la recompensa. Si amas a tu pareja tal como es, si eres capaz de abrirle completamente tu corazón, alcanzarás el cielo a través de ese amor.

Ahora bien, si tienes un gato y lo que quieres es un perro, ¿qué hacer? Empieza a practicar desde este punto. Apunta hacia un nuevo principio, cortando todas tus ataduras con el pasado y empezando de nuevo otra vez. No necesitas mantener vínculos con el pasado. Todos nosotros somos capaces de cambiar y este cambio puede ser para bien. Se trata de un nuevo principio para ti a fin de que perdones todo lo ocurrido entre tu pareja y tú. Libéralo porque sólo se trataba de una cuestión que tenía importancia para ti. Sólo se trataba de un malentendido. Sólo se trataba de alguien herido que intentaba desquitarse. No merece la pena desperdiciar la posibilidad de alcanzar el cielo en una relación por lo que fuera que ocurriese en el pasado. Ten el valor de esforzarte el ciento por ciento en conseguirlo, y si no, libéralo. Libera el pasado y empieza cada día con un nivel más alto de amor.

Esto mantendrá el fuego encendido y hará que tu amor crezca todavía más. Por supuesto, detente a reflexionar en lo que significa tener buenos y malos momentos. Si un mal momento significa ser maltratado emocional o físicamente, no sé si la pareja debería continuar. Pero si pasar un mal momento significa que uno de los dos ha perdido el trabajo o tiene problemas laborales o que ha sufrido un accidente, eso es otra cuestión. Ahora bien, si los malos momentos provienen del miedo, de la falta de respeto, de la humillación o del odio, evidentemente no sé cuántos malos momentos es capaz de sobrevivir una pareja.

En la relación con tu perro puedes tener un mal momento por la razón que sea: un accidente, un mal día en el trabajo o cualquier otra cosa. Llegas a casa y allí está el perro ladrándote, moviendo la cola y buscando tu atención. No tienes ganas de jugar con él, pero el perro sigue ahí. Si tú no quieres jugar, él no se sentirá herido porque no se lo toma como algo personal. Una vez que haya celebrado tu llegada y descubierto que no quieres jugar con él, se pondrá a jugar él solo. No seguirá insistiendo en que seas feliz.

Hay veces, incluso, en que te sientes más apoyado por tu perro que por la pareja que quiere hacerte feliz. Si no tienes ganas de sentirte feliz y sólo quieres permanecer tranquilo, no es nada que haya que tomarse como algo personal. No tiene nada que ver con tu pareja. Quizá tienes un problema y sólo necesitas estar tranquilo. Sin embargo, tu silencio puede llevar a que tu pareja haga muchas suposiciones: «¿Qué le he hecho ahora? Es por mi culpa». No tiene nada que ver con tu pareja; no es nada personal. Si se te deja en paz, la tensión se desvanecerá y volverás a recuperar la felicidad.

Esa es la razón por la que la llave tiene que encajar en la cerradura, para que en el momento en que uno de los dos atraviese una mala racha o una crisis emocional, salga a relucir vuestro acuerdo de permitiros mutuamente ser lo que sois. De este modo, la relación es algo distinto; tiene otras características y puede ser algo realmente bello en su totalidad.

Miguel Ruiz del Libro "La Maestría del Amor"