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viernes, 25 de marzo de 2011

El Despertar



Parejas

Me resulta incomprensible que alguien piense que amar a otra persona es más sencillo que amarse a sí mismo. Si te resulta difícil ser amable contigo mismo, aceptar compasivamente tus errores, perdonar tus juicios, avanzar a través de tus miedos, ¿cómo ayudarás al otro? Si te resulta difícil dar amor al niño herido que llora de dolor en tu interior, ¿cómo ofrecerás tu amor a aquellos aspectos heridos de tu pareja?

No es posible ofrecerle a tu pareja lo que no te puedes ofrecer a ti mismo. Si intentas hacerlo, únicamente conseguirás causarte dolor a ti mismo y al otro.

Tienes que partir desde el lugar en el que te encuentras, no desde el que desearías encontrarte. Si estás enfadado, debes empezar con tu enfado. Si te sientes solo e inseguro y buscas esta seguridad en otros, debes llevar tu conciencia a ese plano.

No digo que no sea posible hacer esto en una relación. Por supuesto que loes, siempre que ambas personas tengan la disposición mutua de ayudarse a asumir sus heridas. Pero para ayudar a tu pareja a que asuma sus heridas debes aceptarla tal y como es. Si sientes la necesidad de cambiarla, arreglarla o analizarla, no crearás un espacio seguro para que ella pueda hacer frente a su dolor. Únicamente lo hará cuando se sienta segura para aceptarlo. Y sólo lo aceptará cuando sepa que no la juzgas.

El amor se construye sobre la base de la aceptación y la confianza, no sobre la del juicio y la interpretación. Es fácil crear un espacio seguro cuando dejas atrás tus miedos. Ya lo has hecho por otros en algunas ocasiones. Estuviste a la altura de sus necesidades y apartaste tus propios asuntos. Estuviste ahí para ellos, quizá no con palabras, sino con tu presencia, con tu interés, con tu apoyo emocional. No hablo de nada que no sepas hacer. Pero no es fácil crear un espacio seguro para otros cuando la carne que hay en el asador es la tuya, cuando tu propio miedo crece, cuando tu propia mente está enfrascada en elaborar un juicio tras otro. No es fácil crear un espacio seguro ni tan siquiera para ti mismo. Sin embargo, es lo que debes aprender a hacer.

Debes aprender a aceptar tu miedo sin castigarte por ello, sin proyectar tus autocríticas en otros. Debes aceptar que el miedo sea tu compañero y que es preciso andar con él. Para superar el miedo debes saber qué es lo que lo provoca y qué es lo que te causa dolor. Cuando aceptes pacientemente tu miedo y tu dolor, sentirás una mayor compasión hacia ti mismo y te verás guiado hacia el corazón. Ahí percibirás no sólo tu dolor y tu miedo sino también los de cualquier otra persona con la que te encuentres.

El amor está en el corazón. No amarás desde ningún otro lugar. El amor no es una poción mágica, no es un arrebato hormonal. Tiene muy poco que ver con la sexualidad, aunque ésta sea una expresión de él.

El amor es aceptar a tu pareja tal y como es. El amor significa hacerle un lugar en tu corazón.
Ninguna técnica te guiará hasta él. Sólo tu propio amor y tu auto-aceptación. Esto, por sí solo, bastará para dar la bienvenida a la persona amada. Cuando seas capaz de sentir el dolor de otra persona sin responsabilizarte de él, sin necesidad de cambiarlo o arreglarlo, sintiéndolo únicamente en el corazón, descansarás en los brazos del amor. No se trata de nada complejo ni oculto; pero es un reto que proporciona infinitas oportunidades de práctica.
 
Éxtasis
Amarte a ti mismo es un acto extático que requiere una práctica consciente. Significa aprender a envolver tu dolor con tu placer, tu tristeza con tu alegría, tus fracasos con tus éxitos. Significa aprender a confiar en tu guía y a considerar tus errores como oportunidades para aprender, crecer y armonizar más contigo mismo y con los demás. Cuanto más te ames a ti mismo, momento a momento, más aprenderá el adulto espiritual a abrazar al niño herido que llevas adentro, y ese niño imperfecto, que tan frecuentemente se equivoca, en mayor medida aceptará su perfección divina.

Si te has ocupado de esta manera del ser amado que hay en ti, no te resultará difícil ocuparte de la persona que amas porque comprenderás que, ahora, ella es tan importante como tú. Incluso aunque se comporte de forma extravagante y crítica, lo que verás es a la verdadera persona que hay en ella a través del guión que interpreta. Del mismo modo que aprendes a abrazar aquellos estados de conciencia contradictorios que encuentras en ti mismo, también aprendes a abrazar las contradicciones de tu pareja, sus rarezas y sus imperfecciones.

Al abrazar lo que es, descubres que todo lo que creías que necesitabas y no tenías, está presente. La persona amada es perfecta para ti. En efecto, si lo aceptas incondicionalmente, cada momento que se revela ante ti es el momento perfecto.


Nunca encontraremos la perfección en un objeto externo. La perfección está en la actitud de la persona que mira. Cuando el lente por el que miras es claro, todos los objetos que ves a través de él resultan bellos.

El éxtasis no depende de nadie más. Sólo requiere tu presencia. Cuando estás presente, el cielo se revela en toda su gloria. Sin tu presencia no hay éxtasis. Comprende que no importa quién sea la persona amada, si estás presente, cualquiera puede serlo. Cualquier situación resultará extática cuando te rindas a ella y la aceptes sin juzgarla.
 

Paul Ferrini