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martes, 5 de octubre de 2010

EL NIÑO CRISTAL PSEUDO-AUTISTA

Se quedó contemplando largo rato esos dibujos, extasiado sin atreverse a tocarla.
El tiempo se detuvo, mi experiencia me indicaba que un encuentro se estaba produciendo, pero esta vez no era con mi persona como venía esperando, sino con un sistema de codificación.
Los ojos de Alexis saltaban de un glifo a otro, en un silencio que gritaba su júbilo. Era la primera vez que veía en él, tamaño interés por algo externo.
Y en un instante supe que lo que estaba aconteciendo inscribía el “nacimiento” de “algo” que aún yo estaba lejos de comprender.
Acompañé el viaje de su mirada en ese momento eterno, nombrando en lengua maya cada glifo. Al rato, su dedito me iba señalando lo que quería escuchar. Se había iniciado el diálogo entre nosotros.

Pasaron las sesiones y Alexis apenas llegaba rápidamente iba al encuentro de la rueda mostrándome que esa escritura ideográfica resonaba en él de una manera muy particular, manifestando una gran sensibilidad y conexión con los códigos mayas, que ocuparon un lugar de privilegio en su caja de juegos. Cada tanto me miraba, con una mirada intensa, sabia y profunda penetrando mi alma.

Esa rueda maya constituyó el puente para que la comunicación y el vínculo terapéutico se inauguraran.
También fue la llave que abrió puertas desconocidas de su mundo interno.

Alexis progresaba día a día, saliendo de su coraza, pero a diferencia de los niños autistas no hubo en él, recrudecimiento de la angustia tal como lo planteé en la primera parte de este texto. Y esto ya marcaba una primera y fundamental diferencia.

La apertura de su coraza dio paso a un niño con facultades que hasta ese momento estaban dormidas, abriendo cada vez mayores interrogantes en mí, en relación con su primer diagnóstico.Despertó el mundo simbólico y los números y letras también ocuparon su interés enriqueciendo su lenguaje comunicacional. Rápidamente se alfabetizó en un proceso que no coincidía en absoluto con los pasos previstos desde la teoría del aprendizaje estructuralista vigente actualmente en el campo educativo.

La alfabetización irrumpió sin pasar por las fases conocidas y esperables: presilábica y silábica; y prácticamente sin errores de ortografía. Su velocidad de lectura era sorprendente, inclusive con la hoja al revés.

El “autista” de la noche a la mañana se transformó en un pequeño investigador fascinado por lo que tenía ante sus ojos, preguntando todo lo que se le ocurría acerca de los glifos mayas e interactuando con ellos y manifestando sus preferencias.

Sus apreciaciones coincidían notablemente con el conocimiento maya y los primeros trazos hechos sobre una hoja de papel fueron para dibujarlos, superando así la resistencia que hasta entonces le producía la hoja en blanco.
Daba la impresión que ya lo sabía y que sólo estaba recordando.

Por mi parte debía comandar mi fascinación por este pequeño sujeto que iba naciendo y que rompía viejos esquemas conocidos.

Y nuevamente la causalidad obró para que me llegara información acerca de los niños frecuencia índigo y cristal en el momento preciso, que coincidía plenamente con lo observado en Alexis, tanto como contrastaba con el primer diagnóstico de autismo.

Me dediqué al estudio e investigación conectándome con otros profesionales que ya estaban en el tema, entre ellos Sandra Aisenberg y Eduardo Melamud.

Conocer sus investigaciones y técnica de decodificación de memoria celular me permitió enriquecer notablemente mi práctica profesional.

continuará...