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lunes, 3 de mayo de 2010

Perdonar



Escuchar la verdad del otro.


Además de aprender a comunicarnos de una manera que haga probable que nos escuchen, la comunicación hábil también requiere ser capaz de escuchar. Sobre todo en las relaciones en que los problemas son constantes, es posible que nos acostumbremos tanto a juzgar, amenazar, sermonear y cerrarnos, que dañemos seriamente nuestra capacidad de escuchar y prestar atención a lo que desea decir la otra persona. Muchas veces da la impresión de que estamos escuchando, mientras toda una ráfaga de críticas mina la integridad de nuestra aparente receptividad.

La atención activa, dejando de lado nuestros intereses para escuchar realmente lo que dice la otra persona, es una técnica que necesita ser reforzada en la mayoría de nosotros. Es una manera de escuchar en la que se nota interés y amor. Como tal, favorece la seguridad, el respeto, la confianza, la comprensión y la intimidad. Anima a las personas a ser sinceras y a sacar las cosas a la luz.

Para escuchar auténticamente a una persona es necesario tomarse el tiempo para hacerlo y querer oír lo que tiene que decir. Ha de desearse llegar a una solución pacífica y factible. Para escuchar de verdad es necesario estar dispuesto a dejar temporalmente de juzgar para poder prestar una total atención a la experiencia de la otra persona. Mientras se escucha se ha de estar de veras dispuesto a ver el mundo como lo ve el otro, aun cuando su punto de vista sea completamente opuesto al nuestro.

Además de oír las palabras que se perciben de un modo evidente hay un nivel de escucha que el analista Otto Rank denomina «escuchar con el tercer oído», es decir, escuchar las palabras y los sentimientos que no se dicen. Es escuchar entre líneas. Cuando una persona está asustada o enojada, es posible que no se dé cuenta del espectro mayor de sus sentimientos y que no quiera o no sepa expresar su verdad. El hecho de estar abiertos para escuchar con el corazón y una atención total nos capacita para oír los mensajes no verbales de la comunicación. Se requiere receptividad y disposición para oír la verdad que hay detrás de otras palabras.

Esto puede resultar muy amenazador cuando se tiene la tendencia a controlar o defenderse, porque tal vez hay que exponerse a escuchar puntos de vista muy diferentes de aquellos a los que uno tanto se aferra por considerarlos «correctos». No sólo confiar los propios sentimientos a otra persona sino también escuchar de verdad requiere valor. Al escuchar uno se arriesga a tener que cambiar de actitud y a oír cosas de las que tal vez no desea enterarse. Cuando escuchamos con profunda atención, normalmente podemos oír el grito humano primario y universal que pide respeto y amor.

Comunicación de Yo a Yo

Además de asumir la responsabilidad de las propias experiencias y de hablar con la otra persona de manera clara, sin atacar ni acusar, en el perdón es esencial recordar comunicarnos desde nuestro Yo al Yo del otro, manteniendo abierto el corazón, teniendo presente que en el interior de los demás también hay un lugar de sabiduría y amor. Esto nos sirve para permanecer centrados y favorecer una atmósfera de seguridad en la que ambos podamos bajar nuestras defensas y estar más abiertos para escucharnos mutuamente.

Para comunicarnos de Yo a Yo hemos de estar dispuestos a ver a la otra persona de una manera nueva.

Robin Casarjian