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martes, 11 de mayo de 2010

LIBÉRENSE DE LAS CADENAS


Voy a hablarles de lo que la enseñanza representa para el espíritu:
El lenguaje es el vestido de las ideas.

Todo empieza en el lenguaje, vestido de las ideas, vestidos que limitan y opacan la luz emanada de las ideas puras; vestidos que dan forma a lo que antes era intangible, y cuando finalmente, las sutiles vibraciones del espíritu son revestidas en palabras, las mentes de sus semejantes las toman, las desvisten y la luz que perciben es diferente, las ideas que generan en sus mentes son distintas a las originales y el proceso de comunicación se ve afectado, a veces, de una manera lamentable, simple y sencillamente, porque los vestidos fueron inadecuados para la grandeza de las ideas.

Y el hombre pierde su libertad, porque las palabras son las cárceles de las ideas, porque las creencias son los grilletes que mantienen encerradas las alas del espíritu, porque las experiencias de un pasado se convierten en telarañas y se endurecen hasta convertirse en cadenas, y el espíritu sufre una agonía dentro de una mente encerrada, que es incapaz de percibir la luz que mora detrás de las palabras.

¿Cómo pueden las palabras libertar al espíritu, si ellas mismas son cárceles para las ideas? ¿Cómo puede un discípulo instruir a otro, si cada vez que las ideas son percibidas por su cerebro las maniatan al transformarlas en simples conceptos? ¿Cómo habla de libertad un hombre que es esclavo de creencias?

Ciegos guiando a otros ciegos, esa es la triste realidad a la que se enfrentan los discípulos.
La llave que abre las cárceles de las mentes.
¿Dónde entonces, se encuentra la llave que abre las cárceles de la mente?. ¿Dónde es posible encontrar esa combinación secreta, que puede hacer resucitar al espíritu que sufre en medio de la carne? Hoy les digo:
Sólo cuando el hombre habla desde adentro, sólo cuando el corazón habla y las palabras callan, sólo cuando los ojos son capaces de expresar la profundidad de los conceptos, es posible, para el espíritu, tener una esperanza. Sólo cuando el hombre se hace más grande que las palabras, sólo cuando el discípulo apaga en su vida lo que su boca pronuncia, es posible instruir a otro.

¿Desean ser instructores, libertadores de espíritus?

Liberen primero el de ustedes, libérense de las cadenas, libérense de las creencias, libérense de todas esas falsas responsabilidades que se han echado a cuestas y que ustedes consideran obstáculos insalvables y no son otra cosa que paredes, tras las cuales se esconden, buscando una seguridad.

Crezcan por encima de sus limitaciones, escalen los muros de sus propias cárceles y dense cuenta que nunca han tenido techo. Querían salir de sus cárceles caminando, cuando sólo las alas los podían sacar de ahí. Las puertas están abajo no arriba, las barreras son para los que se arrastran, no para los que vuelan, por eso, ahora, tiempo es de volar, por eso, ahora que los obstáculos aparecen en el camino, usen sus alas, vuelen por encima de ellos y su paso, antes lento, se convertirá en una carrera de vuelo. ¿Cómo hablar desde adentro?

¿Cómo desplegar las alas ante un grupo de discípulos ávidos de conocimiento?

Miren hacia dentro cuando estén frente al grupo; traspasen las máscaras de los que están sentados y lleguen a lo más profundo de sus corazones, lean en ustedes mismos sus necesidades y estarán leyendo las mismas en los que los escuchan; háblense a ustedes mismos y estarán hablándoles también a ellos; suban, crezcan por encima de las montañas y enseñarán a volar a sus discípulos. Ese es el lenguaje del espíritu, esa es la única forma de libertar a quien ha crecido encadenado. El llamado a la libertad.

Esta enseñanza debe ser especial, porque debe ser un llamado a la libertad, a esa libertad que no conoce de moral ni de principios y convencionalismos sociales, a esa libertad que da la espalda a los ídolos, porque los reconoce hechos de piedra, a esa libertad que se difunde como el aire, porque es ligera y no le gusta arrastrarse, a esa libertad que vuela y hace suyos los dominios de Dios, porque no reconoce otro poder en el universo.

Esa es la libertad de que les hablo, esa es la libertad sin disciplina ni fronteras, sin orden ni convencionalismos, esa libertad que no reconoce autoridad sino la divina, aquella es pura luz y no puede ser expresada en palabras, esa libertad que se rige por la intuición, porque es la más alta manifestación de la voluntad divina, que un hombre puede percibir encarnado. Sigan a esa voz y cuando se enfrenten a un grupo, háblenle desde adentro, vuelen junto con ellos y serán los más grandes instructores que la humanidad haya dado a luz en todos sus tiempos.


Mensaje del maestro Amajur