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lunes, 5 de abril de 2010

EL MENSAJE DE LOS SABIOS 2º PARTE


Vanessa es una joven de origen hispano que hasta ahora ha llevado una vida sumamente difícil. Quedó viuda después de que su marido falleciera de una enfermedad repentina y le costaba mucho superar el dolor. La conocí en uno de mis talleres con gran número de asistentes, donde la elegí al azar de entre el público para hacer una demostración de una regresión individual. Mientras quinientas personas la observaban con expectación y su padre asistía a la escena con nerviosismo, entró en un trance profundo. Lo más importante de la regresión de Vanessa sucedió en el vientre de su madre, antes de nacer.

Hallándose un estado profundo de concentración relajada describió la luz hermosa y apacible que impregnaba tanto a ella como al útero y que aportaba un alimento espiritual que complementaba el del cuerpo de su madre. Sentía el amor de sus padres, cómo la esperaban. En aquel momento cambió la expresión de Vanessa, y de un estado de felicidad absoluta pasó a otro de sorpresa y sobrecogimiento.

-Me doy cuenta de todo -anunció-, tanto dentro como fuera del útero. Sé tantas cosas... ¡Lo veo y lo siento todo!

Vanessa parecía aturdida por lo profunda que era su conciencia desde dentro del vientre de su madre. Mientras permanecía en silencio, sus párpados, cerrados, palpitaban. Más tarde me contó que en aquel momento estaba observando muchas cosas. Después su padre confirmaría detalles de escenas que ella había vislumbrado antes de nacer.

-Veo lo que va a pasar... Veo cosas de mi vida que aún no han sucedido... Tienen un sentido; no son accidentes, como creía -afirmó con seguridad, desde una perspectiva superior.

Mientras experimentaba aquella luz, la sensación de conciencia elevada y el reconocimiento del plan y el destino de su vida, el dolor que había llevado dentro empezó a desaparecer. Su vida actual se había transformado gracias a recuerdos y experiencias anclados en su experiencia prenatal.

Los recuerdos del período anterior al nacimiento son importantes por muchos motivos. Fomentan las mejorías clínicas en pacientes cuyos síntomas derivan de traumas y relaciones de la primera infancia. Además, esos recuerdos demuestran que incluso antes de nacer ya existe una conciencia activa, que el feto y el recién nacido son conscientes de muchas más cosas de las que creíamos. Perciben e integran una gran cantidad de información. Una vez tenemos ese conocimiento, deberíamos replantearnos cómo nos relacionamos con esos seres diminutos. Están profundamente sintonizados con las expresiones de amor que les comunicamos, a través de palabras, pensamientos y sensaciones.

Durante el segundo día de talleres sucedió delante de todo el grupo uno de esos acontecimientos vitales extrañamente simultáneos. Volví a sacar a un voluntario para hacer una demostración de una regresión individual, pero esa vez utilicé un tipo de inducción hipnótica más rápido.

Ana, la paciente voluntaria, se había perdido la sesión del día anterior por estar enferma. Nadie le había hablado de la regresión de Vanessa. Tras meterse de forma rápida y profunda en el estado de trance, Ana regresó también al período en el que estaba en el útero. Empezó a describir la hermosa luz entre dorada y blanca, su conciencia de lo que sucedía tanto dentro como fuera del cuerpo de su madre y del suyo propio, los motivos por los que había elegido a aquellos padres para su próxima vida y cómo iba a estructurarse para alcanzar de la mejor forma posible los objetivos de su alma.

Me quedé pasmado. Aunque en ocasiones me encuentro en mi trabajo con situaciones simultáneas o sincrónicas como ésas, siguen sorprendiéndome siempre por lo improbables que son desde el punto de vista estadístico.

Todos los asistentes estaban aturdidos. Ana era la única que no sabía que lo que nos llegaba era una repetición casi exacta de la regresión de Vanessa del día anterior. Quizás el grupo tenía que escuchar dos veces el mensaje de que no estamos aquí por casualidades de la naturaleza. Somos seres divinos, matriculados temporalmente en este colegio planetario, y hemos preparado nuestro currículum para poder perfeccionar el proceso de aprendizaje. Procedemos de la luz y, sin embargo, somos de la luz. Y somos mucho más sabios de lo que podríamos llegar a imaginarnos. Lo único que tenemos que hacer es acordarnos.

Brian Weiss