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miércoles, 26 de agosto de 2009

Mayas: un pueblo sometido (por Maximiliano Sbarbi Osuna) 24.08.09



De la grandeza de sus antepasados no les quedó más que la leyenda. Masacrados durante la guerra civil que azotó a Guatemala entre 1960 y 1996, el 80 por ciento de los actuales aborígenes Mayas viven por debajo de la línea de pobreza. Sumidos en la miseria, con altos índices de mortalidad infantil, sin trabajo y casi sin representación política, solo esperan que la era transgénica no les quite su último elemento sagrado: el maíz.

“De Paxil, de Cayalá, así llamados, vinieron las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas. Y así encontraron la comida y ésta fue la que entró en la carne del hombre creado, del hombre formado; ésta fue su sangre, de ésta se hizo la sangre del hombre. Así entró el maíz (en la formación del hombre) por obra de los Progenitores”.
En este fragmento del Popol Vuh, el libro sagrado Maya, se describe la creación del hombre, que para los antiguos estaba hecho de maíz. Paxil y Cayalá son sitios míticos en donde el alimento abundaba.
De esta manera, la adoración por esta planta gramínea por parte de los Mayas no se limita solo a la alimentación, sino que el maíz es el combustible que permite el funcionamiento del universo, por eso, aún hoy entre los Mayas, se lo considera sagrado.
Unos cuatro millones de descendientes de la floreciente civilización Maya, viven hoy en penosas condiciones en Guatemala y en el sur de México. Los pequeños campesinos continúan con la tradición de sembrar el maíz.
El Parlamento guatemalteco aprobó la introducción de semillas de maíz transgénico para optimizar su rendimiento. El maíz genéticamente modificado resiste las plagas y las sequías.
Sin embargo, los productores Mayas, que están ligados a la tierra y al maíz de manera ritual, sostienen que algunas compañías multinacionales les venden la semilla estéril, es decir, que de la primera cosecha no se pueden extraer semillas fértiles que puedan ser utilizadas para un nuevo cultivo. Por ende, deben volver a comprar la semilla.
El gobierno de Guatemala alienta la producción de maíz transgénico no sólo para producir más cantidad de alimento, sino para poder elaborar el etanol que exporta.
Esta es una de las tantas penurias que sufren a diario las comunidades Mayas, que alzaron su voz en el encuentro cultural de los Pueblos Indígenas en Oaxaca, México, a fines del mes pasado.
TRABAJO Y SUPERVIVENCIA
El 80 por ciento de los actuales Mayas vive por debajo de la línea de pobreza. Mantienen ancestrales tradiciones, como por ejemplo la división familiar del trabajo. Los hombres cultivan la tierra y comercian, mientras que las mujeres tejen los trajes típicos y elaboran artesanías de barro para uso doméstico y para la venta turística.
La economía que desarrollan es la de subsistencia, por eso son respetuosos del medio ambiente y de la biodiversidad.
Como en la mayoría de los pueblos originarios de América, las ceremonias religiosas se han mestizado con el cristianismo. El choque con la civilización occidental y con los estados modernos produjo que tuviesen que alterar varias de sus enraizadas costumbres.
Actualmente, una porción relativa de los mayas son bilingües. Aprender el castellano es primordial para sobrevivir en Guatemala, ya que las veintiuna lenguas Mayas no son consideradas oficiales.
La tasa de desocupación es más alta en las comunidades Mayas que en el resto del país. Lo mismo ocurre con los índices de mortalidad infantil.
La participación política de los miembros de la comunidad Maya es escasa. En el gabinete del gobierno guatemalteco, presidido por Álvaro Colom, solamente hay un ministro Maya. En el Parlamento, jamás en la historia los Mayas superaron el 15 por ciento de los legisladores, aunque constituyen el 60 por ciento de la población total.
Rigoberta Menchú, luchadora por los derechos humanos y premio Nobel de la Paz en 1993, fue candidata a la presidencia. Pero, los grandes capitales no apoyaron su candidatura, por eso no logró continuar con su carrera política.
VÍCTIMAS DE LA VIOLENCIA
Durante la guerra civil de Guatemala (1960-1996), 200.000 personas murieron. El ejército persiguió a miles de Mayas, que estaban acusados de participar en las guerrillas marxistas. Los indígenas consideran que los muertos durante la guerra "no están enterrados, sino escondidos en la tierra. No están descansando, están llorando".
Durante este período grupos paramilitares perseguían y violaban a las mujeres Mayas con el único objeto de humillar a la comunidad entera.
El año pasado unas 800 mujeres indígenas fueron asesinadas. De acuerdo con los investigadores, el origen de estas matanzas actuales se remonta a la guerra civil. Una parte de la sociedad no tolera el leve avance social que los Mayas han tenido con la firma de los acuerdos de paz.
HERENCIA DE LOS ANTIGUOS
Poco tienen que ver los Mayas actuales con la culturalmente rica civilización antigua, cuyo apogeo se mantuvo entre los siglos IV y X de la era cristiana. Se adjudica a las invasiones toltecas la destrucción de la civilización Maya clásica, pero existe un consenso generalizado entre los historiadores que ése no pudo haber sido el único motivo de su decadencia. No existen indicios firmes que den cuenta del misterio de su desaparición.
Los Mayas posclásicos fueron los que se encontraron con los conquistadores españoles, que destruyeron gran parte de la herencia cultural antigua. Por eso, en el día de hoy, los descendientes Mayas ignoran gran parte de su pasado resplandeciente, que se destacó en astronomía, matemática, arquitectura, música, pintura y en el ritual del juego de pelota.
En la actualidad, es venerado el calendario Maya hasta convertirse en un fetiche mediático y new age. De esta banalización surge la errónea idea de las predicciones Mayas del fin del mundo para el año 2012.
Varios expertos en mitología Maya aseguran que jamás este pueblo pudo concebir la idea de un fin, ya que su cosmovisión del tiempo es circular, como los ciclos agrícolas. La idea del fin en el 2012 se refiere a la muerte de un período y al comienzo de otro.Por ese mismo motivo y por causas económicas los “hombres de maíz” actuales no pueden aceptar la idea impuesta por compañías multinacionales de una semilla estéril, que tenga un fin y menos en un producto sagrado que ha sido venerado a lo largo de los siglos.