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viernes, 19 de junio de 2009

EL LLAMADO DE LOS GUARDIANES


Hoy la Tierra habla a través de mi boca.
A todos los que aman mi suelo. A todos los que aman mis nubes y montañas.
A todos los que añoran los campos libres de contaminantes, cuando el bisonte podía correr libre por las praderas porque eran suyas, cuando los peces saltaban del agua alegres de tener un agua limpia donde vivir.
A todos los que todavía recuerdan cuando las flores y los campos eran el mejor vestido de la naturaleza, cuando Dios cantaba en los trinos de los pájaros que hacían sus nidos en cualquier árbol porque todos eran suyos para eso.
A los que vivieron el deleite de dormir en medio del bosque sabiendo que convivían con la naturaleza pura sin mancha.
A todos ellos hoy los convoco. Pero también llamo a los que todo esto lo han vivido sólo en libros y películas. A los hijos de la ciudad, del asfalto, de las grandes tiendas que ya no tuvieron oportunidad de conocer un bosque que no necesitaba ser protegido porque nadie lo dañaba.
A los que su vida la han pasado apilados en pequeños cuartos junto con sus padres que huyeron de un campo que ya no producía para vivir.
A los que leen esto con lágrimas en sus ojos sabiendo que ese tesoro de la Tierra les pertenecía y la inconciencia de los que vivieron antes lo acabó.
A todos ustedes también los llamo hoy a nuestra revolución silenciosa. Hoy el hombre se cuida del propio hombre.
Depredador contra depredador.
¿Quién es la presa y quién el cazador?
El hombre destruyó su casa, contaminó su aire y su agua. Ahora tiene que comprar el agua que consume, tomarla de los ríos y limpiarla para tomarla, más tarde tal vez tenga que embotellar el aire para respirarlo.
Por esta razón, hoy los llamo para decir que es el tiempo de iniciar un nuevo camino.
Es el tiempo de unir esfuerzos.
El pasado con el futuro.
Los hijos del futuro, son hoy nuestra esperanza.
No es el hombre que vive con los paradigmas del pasado el que rescatará al planeta. Serán el hombre y la mujer conscientes de su herencia quienes tomarán las riendas de su vida y reorientarán las fuerzas y los cursos de las acciones.
Hoy convoco a formar nuevas tradiciones.
Que el indio del pasado se una a los jóvenes del futuro.
Que los ancianos guardianes de las tradiciones, tomen sus bastones, sus pipas, sus cayados y sus cuencos para iniciar una nueva y decisiva jornada.
La última de las luchas. La lucha por la libertad de la Tierra.
Pero sus voces encontrarán eco, no en los gobiernos actuales. No.
No es ahí donde la lucha se librará. Esa lucha está perdida, porque el corazón de los hombres del comercio no entiende de las aguas que danzan en los ríos, ni del águila que vigila desde el espacio.
Los políticos no entienden del hermano oso que resguarda las montañas, ni del castor que construye los diques donde se protegen los peces pequeños.
No, la lucha no será ahí. La lucha es por los corazones de los jóvenes del mañana.
Ellos que son la última esperanza de una humanidad destinada a
despertar.
Ellos que son los que inaugurarán las nuevas tradiciones.
Esas donde el águila vuele con el cóndor y aniden en la misma montaña.
Esas donde el lobo aún sea el rey de la tundra.
Esas donde los yak y las cabras del monte no necesiten esconderse.
A esos jóvenes son a los que hay que encontrar.
Los que vestirán las batas de laboratorios. Los que elevarán su voz en medio de las universidades y los foros mundiales de comercio.
Los que algún día tendrán que gritar en medio de los emporios comerciales que con la naturaleza no se comercia. Los que habrán de levantar sus voces para hablar en favor del futuro.
A ellos es a quienes los venerables ancianos del bastón, habrán de encontrar.
Esta es una nueva lucha.
Una lucha que no se ganará con gritos ni con odios del pasado. Se ganará con la luz de los corazones conscientes de que el mañana tan esperado por todas las razas ha llegado.
Ese día que siempre se anunció. Cuando el "Gran Espíritu hablaría con voz de trueno" ha llegado.
Pero el trueno no es en los cielos.
El trueno es en los corazones de los que escuchan esta verdad.
Es el momento de unirnos en torno a una revolución silenciosa.
Que cada pueblo tome un puñado de su tierra. Emprenda un peregrinaje sagrado en busca del águila que parada sobre un nopal devore a una serpiente y todos juntos, ahí, donde la señal los llame. Unan sus tierras. Como símbolo de unos pueblos que se unen.
Pero no lo hagan en silencio.
Llamen a los periódicos, llamen a los políticos, llamen a los noticieros, no le teman a los que viven en la inconciencia. Es la hora de que los sabios hablen, es la hora de que los ancianos tomen la palabra y levanten la voz como lo hiciera el jefe Seattle cuando el presidente de los Estados Unidos quiso comprarle sus tierras.
¿Acaso alguien puede vender la tierra?
¿Acaso alguien puede vender la tierra de sus ancestros?

¿Esa tierra donde están descansando los cuerpos de los que tanto la defendieron?
No hermanos. No es el momento de callar. Es el momento de hablar.
Pero cuando estén las cámaras y los micrófonos encendidos, cuando las señoritas de cara pintada les hagan preguntas tontas y tengan que hablar… miren a las cámaras y háblenles a los niños. No escuchen a los dueños de las televisoras, ellos no entienden las causas de la Tierra, háblenle a los niños, a los jóvenes, a los que ven todavía la Tierra como su casa. A ellos háblenles de la belleza de las selvas, de los bosques, del espíritu de la montaña que vuela cada mañana para saludar al nuevo sol. Háblenle de la sabiduría de la serpiente, de los consejos del búho. De los árboles que resguardan al planeta.
Y cuando hallan dicho todo lo que tenían que decir. Hagan silencio.
No contesten con el odio, no caigan en el juego de los entrevistadores. Ellos buscan la noticia y para ellos serán tan sólo un evento más que estarán reportando.
La revolución ha empezado y el mensaje debe llegar limpio y puro a los nuevos corazones.
Para esto es este manuscrito. Para esto es que los he llamado.

Yo soy Melquizedek el guardián de todas las tradiciones.