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sábado, 30 de mayo de 2009

EL ESPÍRITU DE LA MONTAÑA




Déjenme contarles una historia:
Una historia del futuro.
Esto es algo que ya ocurrió. Pero aún no ha pasado. por eso la llamo una historia del futuro.
Hubo un joven que entendió a la montaña, un joven que descubrió al espíritu de la montaña dentro de una cueva, y el espíritu le habló, le habló de la importancia de cuidar cada piedra del camino.
Le habló de la importancia de cuidar el curso de los ríos.
Le habló de los árboles que cuidan la Tierra, esos, que tienen más de mil años de existir.
Le reveló, el secreto de los secretos. Le dijo que la Madre Tierra lo estaba preparando y por eso le hablaba. Le dijo que la Madre Tierra lo necesitaba porque había que decir algo para que la humanidad despertara de un sueño.
Pero que esas palabras, debía guardarlas en el pecho. Muy adentro. Para que no salieran antes de tiempo.
El gran espíritu le había dicho que llegado el momento tendría que
hablar. Pero el muchacho era sólo un muchacho. ¿Qué podía él hacer para despertar a alguien?
El espíritu calló. Ya había dicho todo. Y el muchacho calló también.
Por muchos años. Tantos, que olvidó que esto había ocurrido. Hasta hoy… que lee estas palabras. Y su mente se retorna hasta aquella cueva, cuando el gran espíritu le habló.
Hoy no es un muchacho. Es un anciano. Tiene un bastón, o tal vez tenga una pipa, o un caracol.
Ese muchacho no es sólo uno, son muchos, porque hubo muchos espíritus que hablaron a muchos muchachos y ellos están escuchando ahora… no a estas palabras. Están escuchando a sus corazones. Dejen que sus lágrimas broten. Tomen su cayado, tomen su palo de lluvia, tomen sus tambores o sus cascabeles, hoy ya es la hora, La Tierra los llama a su destino, el mensaje debe ser escuchado, porque lo que ustedes tienen que decir, lo escucharán otros muchachos.
Los ancianos del mañana, los guardianes del futuro, las tradiciones del campo, del valle, de la montaña, ya cumplieron.
Ahora el futuro se escribe en los laboratorios, en las factorías, en las oficinas de los rascacielos.
Ahora debemos entregar la palabra del corazón a los nuevos guardianes.
Déjenme hablarles ahora de la segunda parte de la historia... la
parte del futuro.
Habrá un muchacho, o muchacha, tal vez sean muchos, toda una generación, que escuchará el sonido del grillo… y no lo matará. Lo escuchará, y le parecerá interesante, y entre las notas de su canto entenderá algo que no había entendido en su escuela, oirá la voz de la Tierra, la Tierra pidiéndole ayuda. Le hablará de que es el tiempo de parar al mundo, de que no basta detener la contaminación… hay que limpiar lo que está sucio... hay que regresar lo que se le ha quitado a la Tierra, hay que volver a construir los bosques donde estaban.
Le hablará de que ha sido tonto intentar jugar a ser Dios y a sustituir a la naturaleza. Las montañas no pueden ser movidas sin pagar un precio, los ríos no pueden ser detenidos sin pagar un precio, los árboles no pueden ser cortados sin pagar un precio, el petróleo no puede ser extraído sin pagar un precio. Y la Tierra debe cobrar el precio, todo junto. O se paga antes de que la Tierra cobre, o el hombre sufrirá las consecuencias de su inconciencia. Y los muchachos entenderán. Los laboratorios dejarán de construir armas. No se puede estar construyendo armas, para después tener que usarlas porque ya están hechas y hay que pagarlas.
No se puede estar inventando enemigos para librar batallas que sólo sirven para beneficiar a unos cuantos.
No se puede engañar a un pueblo que escucha a la Tierra.
Los gobiernos son como insectos que destruyen todo, si se les deja. Ellos no piensan sino en comida y más comida. No guardan para el mañana, todo lo quieren ahora. Por eso se requiere hablar con los hombres importantes del mañana. Por eso el grillo habla sólo a los jóvenes.
A esos que conocen el campo únicamente en las películas. En las fotos de las revistas, pero que nunca han paseado a la vereda del río, que nunca han visto a las hormigas trabajar en las añanas para llevar a sus nidos el alimento que requieren.
Nunca han visto un águila volar por sus dominios, sólo la han visto en la televisión.
Ellos son los que traerán el mañana al presente.
Muy pronto observarán el futuro que les espera y no lo van a desear.
Un futuro donde todos los campos deban ser protegidos de ellos mismos.
Un futuro donde el campo se llama parque y hay senderos de donde no puedes salirte porque está prohibido, para proteger a los animales.
Un futuro donde lo normal es consumir agua en botellas de plástico. Plástico que no se destruye, que contamina nuevamente.
Un futuro donde las casas se construyen en el piso quinto o sexto. Donde nadie tiene un patio, donde pueda sembrar un árbol.
Ese es el futuro que el hombre construye ahora, y los jóvenes no lo quieren...
Por eso escuchan al grillo.
Por eso escuchan a la Tierra.
Por eso los escucharán a ustedes.
Y por eso hoy les digo que es el momento de hablar. Hoy es el momento.
Que suenen los caracoles americanos, los tambores africanos, los palos de lluvia del sur y las flautas del norte.
Que dancen los cascabeles y suenen las castañuelas.
Que los pueblos del pasado enseñen a los jóvenes del futuro. Les hablen de lo que por tantos años han estado guardando con tanto celo.
De la sabiduría del bosque, que repitan lo que el espíritu de la montaña les dijo aquella tarde
hace muchas lunas.
Yo, Melquizedek; les pido que hablen, para que el futuro los escuche.

Yo Soy Melquizedek